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Por qué aún necesitamos el cuadro de mando integral

Publicado el 7/05/16 8:00

El cuadro de mando integral, después de más dos décadas al pie del cañón, necesita un cambio. Para muchos, la transformación digital es la excusa perfecta para obrar esa renovación que re-impulsará el balanced scorecard, logrando situarlo al nivel de agilidad que la aceleración actual de los negocios precisa. Quién, cuándo y cómo son preguntas a las que el tiempo dará respuesta, aunque las nuevas corrientes apuntan a que todo tendrá que ver con un cambio de foco que, por primera vez, se situará en el exterior de la empresa, en vez de en los procesos internos o el aprendizaje, como hasta ahora. 

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Créditos fotográficos: istock efks

Descarga la Guía sobre el Cuadro de Mando Integral Aquí.

Sin embargo, este marco de gestión estratégica sigue siendo relevante. De hecho, de acuerdo con el reciente estudio de sobre tendencias en herramientas de gestión llevado a cabo por Bain & Company, el cuadro de mando integral se coloca a la cabecera de la lista, entre las diez primeras posiciones. Aún hay tiempo para entender cuáles son las claves de su éxito.

 

El cuadro de mando integral: insustituible

El cuadro de mando integral no necesita presentación, es conocido, bien reputado y ampliamente implementado por organizaciones de todo el mundo. Los motivos son diversos:

A/ Consigue ligar todos los factores de negocio con la estrategia y su planificación: Se vincula directamente al problema número uno de los ejecutivos de hoy en día: ejecución de la estrategia.

B/ Logra crear una visión compartida, que resulta muy útil para conseguir la alineación de todos los miembros de la organización, no sólo de los que se agrupan bajo la categoría de experto en big data, en torno a una misión centrada en metas generales y objetivos más críticos.

C/ Permite a las organizaciones identificar de forma más efectiva los cambios que se producen en el entorno, ganando así una buena perspectiva sobre el panorama competitivo.

D/ Proporciona métricas cuantificables que muestran la salud de una organización. Porque lo que no se mide, ni puede ser gestionado ni va a ser mejorado. Aunque también es cierto que, el determinar los indicadores clave de rendimiento para el cuadro de mando integral no resulta suficiente si no se acompaña de una estrategia y el compromiso por parte de los miembros de la organización.

E/ Promueve la transparencia. Todo puede demostrarse, existe un recorrido lógico que une cada dato analizado con cada acción tomada. Esto resulta muy útil, no sólo de cara a los accionistas y niveles más altos de la organización, sino también cuando se trata de impulsar la claridad en los procesos para acercarlos a los usuarios de negocio, a clientes, proveedores y la sociedad en general.

F/ Facilita la personalización. Por eso sigue estando de actualidad ya que puede adaptarse a cualquier estrategia empresarial, incluso a las más punteras, orientadas a la transformación digital. Su apoyo a la consecución de objetivos permite, desde integrar las mejores prácticas, hasta impulsar la excelencia operativa, mejorar la cercanía con el cliente, estrechar lazos con los proveedores o fomentar la innovación. Todo ello en un marco de gestión que destaca por su sencillez, claridad y efectividad que todo el mundo puede entender y aplicar a su negocio.

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